Amar en Tiempo de Tormenta!

Amar en Tiempo de Tormenta!

by Martha Tarcila Villegas

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Overview

Con nostalgia, sentimiento, pena y tristeza al verse ausente de la patria familia y amistades. La autora no se dio por vencida, nado y nado contra la corriente sin rendirse hasta el día de hoy.

No te des por vencido nunca, siempre habrá una luz al final del túnel, no te hundas, recuerda que solo la muerte no tiene solución. Este mundo sería catastrófico sin ti. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo. (Pablo Neruda)

Primer libro, Alzaré mis ojos a los montes. Segundo, "Pobre Carlette"

Levantemos la vista a nuevas oportunidades, elevemos el pensamiento, ánimo, y el coraje de luchar por nuestras ilusiones,
liberándonos de todo lo que nos detenga así sea tu propia familia.
Estas tres historias rescatadas de nuestro amado terruño, el Noroeste de nuestro Estado grande, "Chihuahua" es escenario nuevamente de los sucesos aquí contados, el primero, "Dos seres que nacieron para amarse" El segundo relato, una narrativa emocionante de manera coincidente una "bastarda" huye del padrastro. Tercer relato. "Los hombres también lloran" Otra "bastarda" pero con la suerte de encontrar en su padrastro un verdadero padre, mejor que su padre biológico.

La vida es como una obra de teatro, "no puedes ensayar" Por eso canta, ríe, baila. Llora cuando te ofendan y tengas ganas de hacerlo, eso hace que te liberes del coraje. Piensa antes de decir algo que lastime a otros, las heridas internas son más peligrosas que las externas. "Libérate, vuela alto como las águilas."

Product Details

ISBN-13: 9781496953759
Publisher: AuthorHouse
Publication date: 04/30/2015
Pages: 256
Product dimensions: 6.00(w) x 9.00(h) x 0.58(d)

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Amar en Tiempo de Tormenta!


By Martha Tarcila Valenzuela de Villegas

AuthorHouse

Copyright © 2014 Martha Tarcila Valenzuela de Villegas
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4969-5375-9



CHAPTER 1

¡Dos seres que nacieron para amarse!


A principios del año 1940 un 29 de febrero, año bisiesto. En dos hogares distintos, de diferentes clases socioeconómicas, que aún en este siglo existen, en algunos lugares del mundo, marginando a las personas. ¡Como si el universo no perteneciera por igual a todos los seres humanos, para Dios no existieran clases sociales, religiones ni fronteras! En este mundo, hay pobres, ricos, "clase media", también flores bellas, y marchitas. El sol y la luna alumbran a todos por igual. Existe el bien y el mal. El mismo día, a la misma hora dos mujeres daban a luz a sus primogénitos. Una contaba con el auxilio del médico del Pueblo y la enfermera. Mientras la otra madre solo contaba con la ayuda de la comadrona.

Alma Águila había perdido a su marido en un accidente, queda sola con un bebé de 8 meses de edad. Llega a la hacienda Las Lajas del Señor Hacendado. Don Pedro Fuentes. ("DON" De Origen Noble). ¡Sigla, letra inicial que se emplea como abreviatura! Toca a la puerta, le abre una dama. ¿Que se le ofrece? Quiero hablar con la dueña de la casa. No está, cerrando la puerta en su propia nariz ¿Quién era? pregunta Carolina, una mujer con un escuincle en brazos, ¿y qué quería? Hay pos no sé, pregunto por uste, le dije que no estaba. ¿Porque me niegas sin mi autorización? Doña Carolina Puente de Fuentes va a cerciorarse, lo primero que ven sus ojos es a una mujer amamantando a su bebé, sentada frente a la puerta. ¡Era una bella madre joven, de mirada triste! Había caminado todo el día, no había comido ni bebido agua. ¿Acaso su cuerpo profundamente deshidratado produciría algo de leche para alimentar a su bebé? Alma al escuchar la voz de la mujer se espanta. ¿Qué hace aquí? Pregunta Carolina. Vengo de Sierra Blanca, estoy muy cansada, por piedad deme de trabajo. ¿Trabajo y con un bebé? ¡Si, por mí bebé, mi esposo acaba de morir en un accidente! Estoy completamente sola, no tengo familia. ¿Cuál es tu nombre? Alma Águila de Flores. ¿De Flores? ¿Por casualidad no eres familiar de Yancarlo Flores? ¡Sí, por favor no se lo diga a nadie si preguntan por mí! ¿Tú eres la esposa de Yancarlo hijo? ¿Y dices que murió? Sí, solo me avisaron que un toro lo destrozó entre las trancas del corral, lo, lo, sepultaron, y ni siquiera me dejaron verlo. ¿Por qué? No lo sé, por eso cerré mi casa que queda en Valle del Silencio, en Sierra Blanca, lejos de la hacienda de Los Flores. Cuando un peón me avisó, salí para acompañarlo, él despareció misteriosamente. Quedé desesperada, asustada, por temor a que me quieran quitar a mi bebé, hui sin rumbo, y aquí estoy sin saber dónde. ¡Mi bebé es solo mío ya, mío, mío! Pasa mujer, cuenta con mi amparo y discreción. Empecemos por cambiar tu nombre en esta casa. Para la servidumbre serás. ... ¿Qué te parece Rosa? No, no me gusta. ¿Entonces Valeria? Está mejor. ¡Bueno, Valeria Luna estás en tu casa! Julia ven, diga Seño. Prepara la habitación de huéspedes, que traigan una cuna, les pones sabanas limpias, lleva a Valeria porque se quedará a vivir en esta casa. ¿Pero Siñora Carolina, sabe lo que está hanciendo? "No ande con esas ocurrencias, puede ser muy arraigado". ¿Arraigado o arriesgado? Y sí sé, lo que estoy haciendo. ¿Cómo dijo que se llama? Valeria Luna. ¿Te lo repito? No, no siñora, si yo nomas preguntaba. ¡Valeria, eres Valiente eh! Por lo pronto cuidarás solo de tu hijo, ayudarás a la nodriza de mi hija, cuando tenga que bañarse o salir un día a la semana.

Es como Alma llega a esa casa, entregándose en cuerpo y alma a su trabajo, tratando de quedar bien para no perder el techo para su hijito, que es quien más importaba en su vida ya. Él bebé comía, lo bañaba, dormía hasta cinco horas seguidas. Como si estuviese consiente del problema por el que su madre pasaba. Cuando el niño dormía, bañaba a la niña que casi tiene la edad de su hijo, en su tristeza, sacando fuerzas de lo imposible, le cantaba, y cuando tenía hambre con cariño le ofrecía su pecho, la alimentaba hasta que quedaba satisfecha, y profundamente dormida. Llegaba la nodriza, por consecuencia lógica rechaza su pecho, al no succionar, sus glándulas mamarias dejaron de producir el oro blanco, decidiendo dejar el empleo. Un buen día él bebé dormía, ella amamantaba a Cielo, después de darle un buen baño, en eso entra Carolina y la sorprende. ¿Tú amamantas a mi bebé? ¿Desde cuándo lo haces? Alma está asustada, no logra articular palabra. Se siente desvalida, y con intrepidez logra que de sus labios salgan unas breves frases. Carolina toma en brazos a su bebé, diciéndole. ¿Con razón estas tan bien alimentada, tan linda? ¿Y también amamantas a tu bebé? ¡Si, gracias a Dios, de un pecho le doy a Yancarlo, del otro a mí Cielo! De hoy en adelante quiero que te dediques a mis niños, ellos deben criarse como si fuesen hermanos. La nodriza hoy me dijo que ya no vendrá más, que la niña ya no quiere pecho, que ya es tiempo de darle comida y leche de vaca en vaso. ¡No Señora, la leche de vaca es para los becerros, mis niños son seres humanos y no becerros! Alma tienes toda la razón del mundo. Yo les daré pecho hasta que ellos lo dejen solos, se lo prometo. En ese instante entra Don Pedro, me urge hablar con Valeria. Van a la habitación de Valeria, le propone registrar al bebé como si fuese hijo de ellos, Doña Bárbara de Flores mandó a sus achichincles, te buscan como locos. ¡Por lo pronto al bebé no lo nombrarán Yancarlo! ¿Lo registraron al nacer? Por supuesto que sí. Yo iré personalmente, lo registraré como si fuese nuestro hijo. Pondré fechas distintas de nacimiento. Será Pedro Fuentes hijo. De ese modo evitaremos el que esa vieja urraca, trate de quitártelo. Está bien, yo confío en ustedes, por amor a mi hijo estoy dispuesta a todo. Quiero proponerte algo, mandaré varias camionetas, para que traigan muebles, y pertenencias de tu casa. Tengo una casa, es de mi propiedad, queda tras la casa grande a unos cuantos pasos. Puedes disponer de esa casa, pasar los fines de semana en ella, para que te sientas en tu propia casa. ¿Qué te parece? Alma saca la llave se la entrega, agradeciéndole lo que hacen por su hijo y por ella. ¡Son ustedes unos Ángeles! Eso fue como abrir un profundo vacío en su alma y su corazón. Salen de la habitación, Alma hecha a volar su imaginación sus remotos recuerdos, vencida y en absoluto abandono. Es más, piensa que Yancarlo no murió, que sus padres lo desparecieron para separarlos. ¿Por qué lo sepultaron sin avisarle entre tanto misterio? ¡Sí, su pobre alma como su nombre! Tuvo que abandonar su casa, huir, esconderse cual ladrón. La versión que le dieron, no abrieron el ataúd, porque quedó irreconocible, nadie, absolutamente nadie lo vio, según dijeron su rostro quedó destrozado. ¿Acaso ella no tenía derecho de despedirse de su amado Yancarlo? Su suegra jamás la había aceptado, supo disimularlo muy bien. La miraba escrutadora, la examinaba con su mirada hosca de pies a cabeza.

CHAPTER 2

¡Hasta pronto mí amor!


¡Esa mañana la abrazó, la apretó sobre su pecho, se dieron un largo beso de amor como si supiesen que era el último! Luego fue y despertó a Yancarlo, su lindo bebé, también lo amó por última vez como si presintiera su muerte. Se marchó para jamás regresar. Ella cerró su casa, dejando todo como estaba, huyendo sin rumbo, hasta llegar al sitio donde se encontraba en ese momento, nadie absolutamente nadie sabía nada de ella, ni siquiera la Nana, porque ya no estaba con ellos, estaba herida de muerte, Yancarlo era su esposo. Tuvo que huir, como una delincuente. ¡Eso jamás les perdonaría a sus suegros! Su rencor era tanto que mientras ella lo pudiese evitar, ellos no verían crecer a su bebé, que era idéntico a su padre. Su rostro reflejaba amargura, sentía en su ser, en carne propia, el desamor, desdén y soledad, esa soledad que le carcomía hasta los huesos. La crueldad que desde su niñez fue objeto, por la que ella creía su madre. La invade un sentimiento de aversión, hacia esas personas, tenía frente a ella el fantasma invisible de su suegra; porque con don dinero se puede todo, no quería siquiera imaginar que le quitasen a su hijo, conocía tan poco o nada de su suegra, pero no ignoraba de lo que era capaz por hacerle daño. Alma no estaba dispuesta a compartirlo con ellos, su crueldad y desprecio hacia ella, no tenía nombre. Ella era la única dueña de su bebé. ¡Si me tiene a mí, aunque ya no tenga a su padre, mi hijo no es un bastardo como yo, estoy dispuesta a llegar al sacrificio, por protegerlo! Valeria se queda con la vista perdida en el cielo infinito, recordando su aflicción, Yancarlo no llegó esa noche, el jamás había llegado tarde a casa, en los dos años y medio que tenían de casados. Al atardecer él llegaba a casa con bolsas repletas de mercancía; comida, para su amado bebé. Yancarlo había conseguido esa casa antes de casarse para mantenerla alejada de su madre, bien que la conocía y no estaba dispuesto a que su madre le dijese a su esposa lo que debía hacer, menos que la maltratara; el mismo la había amueblado sin pedir ayuda de nadie, lo que menos deseaba era vivir con sus padres, conociendo el carácter de su madre. Esos dos años y medio al lado de su esposo, recompensaron todo.

Aunque fuese una felicidad fugaz, fue muy feliz al lado de él, ese ser que la amó desde el primer día que la conoció, finalmente solo el recuerdo es lo que resta de ese hombre, a ella le quedó su hijo, un corazón roto pero que aún palpita, finalmente: rabia, cólera, y soledad. ¡Tenía que luchar contra viento y marea por su hijo! Nada ni nadie la detendrían, dejaría de ser Alma Herida. Haría de su hijo una obra de arte, llorando se arrodilla ante la cuna de su bebé prometiéndole a su amado Yanca. No me dejare vencer, lucharé como fiera con uñas y dientes para proteger a nuestro hijo, jamás le faltará nada, no lo expondré a que caiga en las garras de Bárbara; por eso he aceptado cambiarle el nombre por protegerlo, entre tú y yo siempre será nuestro Yancarlo. Yanca, no recurriré ni a tu familia ni a la mía, aunque tú ya no estés. Te demostraré que tu hijo será un gran hombre de principios y buen corazón como el tuyo, está segura que si heredó su físico, también heredará su carácter, y la nobleza de él, ella se encargará de instruirlo, amarlo por los dos. Te juro que no te fallaré, siempre vivirás en mi corazón porque entraste en el para quedarte por siempre, nada ni nadie podrá reemplazarte jamás, tú hijo no sufrirá los golpes y el desprecio mientras me tenga a mí; llora y le pide a Dios fuerzas, protección y una vida hasta que su hijo aprenda a defenderse solo. Entonces terminará mi misión.

¡Yancarlo, tengo tanto miedo que me lo quite tu madre, perdón, pero soy capaz de matarla si lo intenta! Te extraño tanto que no sé cómo podré vivir sin ti, solo mi bebé, perdón, nuestro bebé es quien me impulsa, para poder sobrellevar esta soledad que siento, que estremece mis entrañas. Siento deseos en momentos de correr, correr y llegar hasta el lugar donde me rescataste el día o tal vez esa tarde, que se yo, en que escuché discutir a papá con su mujer, enterándome de la verdad. ¿Si mi madre llego al sacrificio de morir por mí? ¿Que no seré capaz de hacer yo por mi hijo? ¡Perdón otra vez más, digo por nuestro hijo! Yanca, al mirarlo, imagino tu amado rostro, su sonrisa idéntica a la tuya, aún vives en mí, los amo tanto, Yanca es idéntico a ti. Sigue conversando con su amado Yanca, que ya no la escucha, ni la protege. Qué hermosos días los que pasé a tu lado. ¿Me amaste tú como te amé yo? Mi amor, te extraño tanto, en las noches te sueño, escucho tu respiración, siento tu cuerpo junto al mío, es como logro quedarme dormida. Otro día, a enfrentar la realidad, cada día me es más difícil soportarlo. Los días son siempre tristes y nublados, si no fuese por la sonrisa de nuestro hijo y de Cielo mi niña adorada. ¡Ay amor si la conocieras te derretirías! ¿Cómo olvidar cuando tomabas tiernamente a nuestro hijo en tus brazos?, lo alzabas hasta tocar las nubes ¿Cómo olvidar como acariciabas mi vientre, rodeándome con tus brazos? Le decías mi Almita. ¡No fue tu Alma sino mi Yancarlo! ¡Y mira que bueno es mi Dios! Me quitó a mi amado esposo, dejándome un hijo, que es tan bueno como tú. ¡Gracias Dios por los pocos momentos, que me diste la oportunidad de amar y ser amada! ¡Amar en tiempo de tormenta! Aunque el tiempo fue tan breve, supero en calidad lo que viví al casarme contigo. Cambiaste mi vida en todos los aspectos. Hoy estoy sola, muy sola como el perro del hortelano. Si supieras que desde que te fuiste ya nada es igual, que mi rostro ha cambiado tanto, ya solo parezco una sombra de lo que era antes. Te prometo por nuestro hijo, echarle todas las ganas, todos los kilos por el recuerdo de ese gran amor, Valeria se dedicó en cuerpo y alma a sus dos amores, como ella los llamaba, su Cielo y su Yanca.

Pasan los días, para Alma cada nuevo amanecer no le parece diferente al anterior, los niños duermen, se los encarga a la Nana y por vez primera sale a dar un paseo sola, camina introduciéndose entre los frondosos árboles del huerto, con su vista perdida en el horizonte, se abraza al tronco de un frondoso árbol, su mente está en blanco, no puede acomodar sus pensamientos, no puede dar crédito a lo que está pasando. ¿Podrá superar la ausencia de su esposo? ¿Podrá vivir sin él y cuánto tiempo? De pronto siente un agradable olor a tierra mojada. El hermoso cielo azul de nuestra bendita Sierra, luce grandes nubarrones blancos como algodón, ella los observa, descubriendo varias figuras, cree que es su imaginación, de pronto observa que corren rápidamente, se persiguen unas a las otras, despareciendo de su vista, apareciendo grandes nubarrones negros. El sol desaparece, deja de brillar, las nubes chocan unas contra otras, el cielo está encapotado, rayos de luz y relámpagos surcan el espacio, produciendo un gran estruendo. Alma no se da cuenta del peligro que corre al estar sentada bajo un frondoso árbol. Alma en su soledad grita a todo pulmón, nadie la escuchará. ¡Yancarlo, si de verdad vas en alguna nube respóndeme amor! No puedo olvidarte, estoy desesperada, tu recuerdo me persigue día y noche., estoy muy sola, Yancarlo ya no puedo más. Ha pasado no sé cuánto tiempo, que para mí son siglos. No tengo deseos de seguir viviendo. ¡Yanca llévame contigo a donde estés, estoy vencida, ya no tengo fuerzas para seguir luchando! Me siento muy sola, te extraño tanto que no puedo estar un momento más sin ti. ¿Dónde estás mi amor? Vuelve a casa pronto, no puedo seguir viviendo esta triste vida de soledad. Contéstame Yancarlo. "De su garganta sale un fuerte grito que cruza el cielo infinito, lleno de angustia y desesperación, Yanca ven a iluminar mis días, que sin ti parecen noches oscuras, tenebrosas. Regresa pronto mi amor, ya no quiero vivir sin ti. Ven amor, quiero verte por un instante, aunque vuelvas a irte nuevamente, y me quede sola, tan sola mi amor.

Yancarlo, Yancarlo. ¿Dónde estás? ¡Mi amor, regalé a nuestro hijo, ya no es mío, te perdí a ti también, estoy sola otra vez como al principio! Llévame contigo a donde estés, hasta el mismito infierno, quiero estar contigo. Está empapada, la tormenta está en su apogeo, el viento huracanado la golpea, se arrodilla, toma lodo en sus manos llevándolas a su rostro, llora a gritos, desesperada, la tormenta arrecia, trata de levantarse, sus piernas no le responden. Hipólito viene arreando el ganado, es interceptado por la tempestad. ¿Qué hace aquí señorita Valeria? El caporal salta de su caballo, se olvida de las reses que va arriando al corral, está algo retirado todavía, tomándola en sus fuertes brazos, camina contra el fuerte viento de la recia tempestad, la lluvia con la fuerza del viento azota su rostro, le es imposible caminar por el suelo anegado, por fin logra llegar al portal de la casa grande, con una bota golpea la puerta de madera rustica. ¡Dios mío! ¿Qué haces con Valeria? ¿Dónde estaba? La encontré cerca del río, el río se está desbordando, creo que de no haber llegado a tiempo, la corriente la hubiese arrastrado. Su corazón estaba roto y a punto de pararse, Alma corría, se abrazaba a las piernas de su madre, con despotismo la tomaba de un bracito, con odio la apartaba diciéndole, largo de aquí escuincla mugrosa, se sentía rechazada por su madre.


(Continues...)

Excerpted from Amar en Tiempo de Tormenta! by Martha Tarcila Valenzuela de Villegas. Copyright © 2014 Martha Tarcila Valenzuela de Villegas. Excerpted by permission of AuthorHouse.
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Table of Contents

Contents

Prologo, vii,
Martha Tarcila Valenzuela de Villegas, xi,
Dedicatoria, xiii,
Gratitud, xv,
¡Dos seres que nacieron para amarse!, 1,
¡Hasta pronto mí amor!, 5,
¿Entonces soy una bastarda?, 11,
Le escogen su ajuar de novia, 19,
¡Echan la casa por la ventana!, 25,
Sola con su hijo, 36,
¿Justicia Divina o casualidad?, 40,
Actos imperdonables de una madre, 49,
De regreso en casa, 56,
Sale el sol, después de la tormenta, 69,
A estudiar nuevamente, 71,
¡Llegan las vacaciones nuevamente!, 98,
En casa nuevamente, 105,
¡Yassminn la bastarda!, 110,
A su corta edad empieza el calvario, 112,
¡De niña a mujer!, 115,
¡Gran chasco, René solo tiene buen lejos!, 121,
Empieza la nueva aventura, 130,
¡Primer día de las madres, sin su madrecita!, 136,
¡La despedida más triste de su vida!, 150,
¡Dios aprieta pero no ahorca!, 159,
¡Yassminn vuelve a la vida, con nueva vida!, 165,
Pesadilla que termina en dulce amanecer, 183,
¡Yassminn, una nueva vida, con nueva vida!, 193,
¡La sorpresa le salió muy cara a Humberto!, 199,
¡Llegan a tierra prometida!, 203,
¡Los hombres también lloran!, 207,
¡Una taza de su propio chocolate!, 216,
¡A cada santo se le llega su día!, 222,
¡Sí, Emiliano está y bien muerto!, 236,
¡El Pato se casa con su Pata!, 239,

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