El poder de lo alto

El poder de lo alto

by A. B. Simpson

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Un estudio completo de la Persona y la obra del Espíritu Santo en la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Una de las obras más leídas y apreciadas sobre la doctrina del Espíritu Santo y sobre los dones espirituales. Escrito con estilo devocional.

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ISBN-13: 9788482675664
Publisher: CLIE
Publication date: 11/24/2009
Pages: 736
Product dimensions: 6.00(w) x 9.10(h) x 1.30(d)
Age Range: 18 Years

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EL PODER DE LO ALTO


By A. B. SIMPSON

ZONDERVAN

Copyright © 2010 A. B. Simpson
All right reserved.

ISBN: 978-84-8267-566-4


Chapter One

COMO UNA PALOMA

El primer emblema bajo el cual vemos representado al Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, es el de una paloma que descendió sobre la cabeza de Jesús, en las riberas del río Jordán, después de su bautismo.

El primer emblema en que presenta al Espíritu Santo el Antiguo Testamento, también es el de una paloma. En la historia de la creación, en el primer capítulo del Génesis, versículo dos, leemos: "La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas".

Esta es una figura de la paloma madre cobijando su nido y cuidando de sus pichones. Cuán extraño es el fondo sobre el cual se destaca ese cuadro: caos, desolación, agitadas aguas, el silbido de las llamas, el espantoso abismo, el firmamento sin estrellas, el reinado de la ruina, de la muerte y de la desolación!

Ese fue el escenario en que la paloma del amor eterno y de la paz comenzó a construir su nido, y no reposó hasta que de en medio de ese escenario de ruinas surgió un mundo luminoso y feliz y un risueño paraíso, con su familia humana llena de pura y celestial esperanza.

Pasamos por alto siete capítulos, y nos encontramos con otra escena de desolación y ruina. Las aguas del diluvio arrasan el mundo. La obra de veinte siglos está sumergida bajo las arrolladoras aguas, y los incontables millones de seres yacen muertos bajo las olas. Un barco solitario navega sobre el líquido y tempestuoso elemento, a su bordo se encuentran ocho seres humanos, únicos sobrevivientes de la población terrenal.

Volvemos a ver la figura de la paloma. En Génesis 8:6-12 leemos: "Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho, y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él, al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él".

Detrás de esa paloma hay otro pájaro, es el cuervo de negro plumaje, emblema de Satán, así como la paloma lo es del Espíritu Santo.

Vemos tres notables pasos en el envío de la paloma, los que parecen hablarnos acerca de las tres dispensaciones del Espíritu Santo.

Primero, vemos a la paloma partir del arca y volar por encima del desolado mundo arrasado por el pecado y el juicio. Esa escena representa el período del Antiguo Testamento, tiempo en que tal vez el Espíritu Santo visitó este mundo pecador, mas no pudo encontrar ningún sitio donde asentar, y, por consiguiente, retornó al seno de Dios.

Después vemos que la paloma volvió a salir del arca y regresó con una rama de olivo en el pico, símbolo y pacto de paz y de reconciliación; señal de que el juicio había pasado y volvía la paz. Ciertamente, ésta podemos tomarla como una preciosa representación del nuevo paso y manifestación del Espíritu Santo, el cumplimiento del ministerio de Jesucristo y su resurrección, para proclamar la reconciliación del mundo pecador.

Pero todavía no puede residir en esta tierra que se encuentra bajo la maldición del pecado. Por lo tanto, queda por darse aún un tercer paso, cuando, al fin, sale la paloma del arca y no vuelve más, sino que hace su morada en el mundo y construye su nido entre las moradas de los hombres. Ese es el tercer paso en el que el Espíritu Santo se encuentra actualmente realizando su bendita obra.

Así, pues, no ha venido ahora a visitar a este mundo pecador, para regresar al cielo, sino que ha venido a morar aquí. Durante el ministerio de Cristo en la tierra, el Espíritu Santo habitó en él, no entre los hombres. Jesús dijo que estaba con los discípulos, pero añadió: "Estará en vosotros". Como la paloma de Noé siguió detenida en el arca, y sólo hacía recorridos de visita a la tierra, así habitó A Espíritu Santo en Jesús, y de tanto en tanto, tocaba el corazón de los hombres.

Pero ahora, Jesús lo ha enviado, y su residencia no está más en el cielo, sino en el corazón del creyente, y en el seno de la Iglesia. Ha asentado su morada en la tierra; aquí, entre los hombres pecadores y doloridos, la misma paloma está construyendo su nido y criando sus pichones para los reinos celestiales, de donde algún día remontarán el vuelo y cantarán en la luz de Dios.

Tal es el desarrollo simbólico del Espíritu Santo en los dos primeros cuadros del Antiguo Testamento. Reunamos ahora, sacándolas de la figura, algunas de las más claras lecciones y sugerencias que ella nos presenta.

I

El primer pensamiento que nos viene es el de su maternidad. Es la figura de la paloma madre. En una de las más recientes y brillantes obras del señor Drummond, vemos expuesta la idea que la meta de la naturaleza es siempre la de la maternidad.

En la creación vegetal, todo se mueve hacia la producción de la semilla y el fruto. La flor no es más que la cuna y los pañales del germen vivo. La planta vive simplemente para darle vida a otra planta, es decir, vive para reproducirse. Así, en el mundo natural, la primera aparición del amor no es sexual, sino en la relación maternal; de igual modo el gran propósito del corazón de Dios es el maternal. Dios posee en sí mismo esa verdadera naturaleza que se ha manifestado en la creación.

En la Divina Trinidad hay una personalidad que corresponde a las relaciones humanas. La paternidad humana expresa una necesidad que se en cuentra en Dios Padre. La maternidad humana tiene su origen en el Espíritu Santo. La fraternidad, y la más elevada e íntima comunión del esposo y la esposa, se encuentran en Cristo, el Hijo de Dios, nuestro hermano y nuestro esposo. No podemos comprender, por medio del simple razonamiento, los alcances de la Trinidad, pero Dios puede darnos la comprensión de lo que realmente es por medio de instintos espirituales.

Hay momentos en que sentimos la necesidad de contar con las fuerzas y el amor de un padre, y nuestro espíritu abatido exclama: "Ojalá estuviera aquí conmigo mi padre, el me ayudaría inmediatamente!" Nuestro Padre Dios responde a esa oración.

Hay momentos en que el espíritu huérfano siente la necesidad del tierno y delicado toque maternal, y recordamos cómo nuestra madre solía consolarnos y nos prestaba su ayuda, como nadie podía hacerlo. Así necesitamos del corazón de Dios.

No envidio al hombre que ha perdido la noble sensación de dependencia del amor materno a tal punto que no encuentra sentido en frases como éstas:

?Quién me alimentó en su pecho Y en su seno hizo mi lecho? ?Quién busca mi provecho? Mi madre.

?Quién me cuidó con ternura Y acarició con dulzura, Siendo yo una criatura? Mi madre.

El Espíritu Santo, autor del corazón de madre y del amor de la criatura dependiente de ella, es quien puede hacernos sentir esa dependencia que nos hace mirar hacia Dios, como lo hace la criatura huérfana, pidiéndole que se conduela de nosotros.

En todo corazón humano hay también el recuerdo de algún hermano valiente y fiel, y está latente el deseo de encontrar a alguien con brazo fuerte que pueda sostenernos, con amor de hermano. Es un hecho que todos queremos tener amigos verdaderos en quienes podamos depositar nuestra entera confianza; Jesús es ese amigo que nos recibe como el esposo recibe a la esposa.

Todas las presentaciones que nos dan las Sagradas Escrituras con respecto al Espíritu Santo confirman ese concepto en lo que se refiere a su divina maternidad.

Se describe la regeneración del alma como un nuevo nacimiento y es el Espíritu Santo el que produce ese nuevo nacimiento. El lenguaje que se emplea para describir la vida del alma nacida de nuevo es el que se usa en la crianza de los niños y en el hogar. Al tratar de las más hondas necesidades del alma, se describe la actitud consoladora del Espíritu Santo comparándola con el cuidado y el amor que tiene la madre a sus criaturas. "Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros,... y tomaréis consuelo" (Isaías 66:13).

Por nuestra parte, cuando hemos sido henchidos del Espíritu Santo, sentimos el mismo amor maternal para con los demás, y podemos impartir a otros las bendiciones y el consuelo que hemos recibido. Las oraciones que invocamos a favor de otras personas llegan a ser anhelos maternales, dolores de parto, y decimos como decía el apóstol: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gálatas 4:19), y comprendemos lo que el Señor quiso decir cuando dijo: "En cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos" (Isaías 66:8).

Cuando el Espíritu Santo se apodera del corazón, despierta en él el deseo de hacer algo por otras personas, y le inspira a orar por los perdidos y por los que pasan por tentaciones; esos dolores son tan intensos como los dolores, la angustia y amor de la que va a ser madre; las personas, nacen, espiritualmente, por nuestros engendros, tan real y verdaderamente como nuestros hijos materiales y de igual modo se unen a nosotros como los de nuestra carne.

II

La figura de la paloma nos sugiere paz. La paloma que salió del arca fue mensajera de paz, y regresó al arca llevando una rama de olivo como símbolo de reconciliación. De igual modo, el Espíritu Santo es un mensajero de paz con Dios por medio del Señor Jesucristo. El hace que el alma reciba y comprenda el mensaje de misericordia y que encuentre la paz de Dios que guarda el corazón y la mente, por medio del Señor Jesucristo. Dondequiera que reina el Espíritu Santo hay paz.

Detrás del cuadro de la paloma se encuentra el del cuervo, que, intranquilo, va de un lado a otro. Este es un símbolo del espíritu maligno e intranquilo, que no encuentra reposo ni aun en el placer del pecado, y va de un estado de ánimo a otro, buscando descanso, mas todo es en vano, hasta que, finalmente, lo lanzan sobre las agitadas ondas de la eternidad, víctima de la eterna inquietud y desconfianza.

Pero el espíritu de aquel en quien mora el Espíritu Santo, está tranquilo. Disfruta de una paz que nadie puede disturbar, "la paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento".

III

LA PALOMA ES SIMBOLO DE PUREZA. "Manso como una paloma", esa es la interpretación que da Cristo a ese precioso emblema. El Espíritu de Dios que es la pureza misma, no puede morar en un corazón impuro; no puede habitar en la mente carnal. Se dijo con respecto a la unción que se hacía en la antigüedad: "Sobre carne de hombre no será derramado" (Exodo 30:32).

La pureza que da el Espíritu Santo es como una inmaculada plantita blanca que nace y crece en medio de la naturaleza, de entre la tierra negra, sin que se le haya adherido a su cristalina superficie ni un ápice de impureza - es inmaculada como el ala de un ángel.

Así pues, el Espíritu Santo imparte al corazón una pureza que es en sí misma su propia protección, pues es, en esencia, completamente lo opuesto de todo lo malo que le circunda. Podrá estar rodeado de mal por todas partes, pero se mantiene sin contaminación, absolutamente puro porque su naturaleza es santa y divina. No puede mancharse, porque como el plumaje de la paloma, está protegido por su capa aceitosa, y sale sin mancilla del pozo de fango y de entre las negras aguas. No hay nada que pueda contaminarlo ni mancharlo.

IV

LA PALOMA ES EL SIMBOLO DE LA BENIGNIDAD. El Consolador es benigno, tierno, paciente y amoroso. Con cuánta benignidad trata Dios a todos, aun a los pecadores! Cuán grande es su longanimidad y cuán inagotable su paciencia! Cuán misericordiosa es su disciplina hacia sus criaturas descarriadas! Como condujo a Jacob, a José, a Israel, a David, a Elías y a todos sus siervos de la antigüedad, hasta que pudieron decir con verdad: 'Tu benignidad me ha engrandecido" (II Samuel 22:36).

El corazón en que mora el Espíritu Santo siempre se distinguirá por su ternura, su humildad, su serenidad, su mansedumbre y su tolerancia. El espíritu grosero, sarcástico, los modales bruscos, las palabras hirientes - todo eso es de la carne. No tienen nada que ver con las finas y delicadas enseñanzas del Consolador.

La santa paloma huye del ruido tumultuoso, del acaloramiento y de todo sentimiento vengativo, y busca refugio en el corazón humilde y en el alma pacífica. "El fruto del Espíritu es mansedumbre, humildad ..."

V

EL ESPIRITU SANTO ES EL ESPIRITU DEL AMOR. La paloma es el emblema especial del afecto. El objeto especial del Divino Consolador es "derramar el amor de Dios en nuestros corazones" y hacer ver que "fruto del Espíritu es amor". Dondequiera que el se encuentra, se observa la disposición al desprendimiento y a la consideración por los demás; el deseo de hacer el bien y la bondad; y él también quiere que nosotros le amemos. Lo que él quiere no es Santo que le sirvamos sino que tengamos comunión con él. El tiene muchos que le sirvan; pero lo que quiere es que le amen y que reciban su tierno amor. El anhela nuestro afecto, y se decepciona cuando le consagramos una cosa cualquiera.

Otro precioso pensamiento que encontramos en las Sagradas Escrituras relacionado con el símbolo de la paloma, y también con el Espíritu Santo, es el luto de la paloma. Ella es un pájaro que sufre y las notas quejumbrosas de su canto expresan mas tristeza que las de otros pájaros. El que oye el arrullo de la tórtola jamás se olvida de su tono melancólico.

(Continues...)



Excerpted from EL PODER DE LO ALTO by A. B. SIMPSON Copyright © 2010 by A. B. Simpson . Excerpted by permission.
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Table of Contents

Contents

Introducción....................5
Prefacio....................7
I. Como una paloma....................9
II. El aliento de Dios....................21
III. La espada del Espíritu....................37
IV. La columna y la nube de fuego....................58
V. El agua viva....................74
VI. El aceite de la unción....................86
VII. El bautismo de fuego....................100
VIII. El Espíritu de sabiduría....................115
IX. El Espíritu Santo en el Libro de los Jueces....................129
X. El hombre lleno del Espíritu....................145
XI. El Espíritu Santo en la vida de Saúl y David....................157
XII. El Espíritu Santo en el Libro de los Proverbios....................173
XIII. La voz apacible y delicada....................186
XIV. La botija de aceite....................204
XV. El valle de las acequias....................217
XVI. El Espíritu inspirador....................229
XVII. El Espíritu Santo en el Libro de Joel....................244
XVIII. El Espíritu Santo en el Libro de Isaías....................258
XIX. El Espíritu Santo en la vida y en el testimonio de Jeremías....................272
XX. El Espíritu Santo en Ezequiel....................292
XXI. El Espíritu de la resurrección....................307
XXII. El río de bendiciones....................319
XXIII. El Espíritu Santo en los días de la restauración....................332
XXIV. Las ovas y los candeleros de oro....................346
XXV. El último mensaje del Espíritu Santo a la antigua dispensación....................361
I. El Espíritu Santo en la vida del Señor Jesucristo....................375
II. El bautismo del Espíritu Santo....................388
III. Las vírgenes prudentes y las insensatas o el Espíritu Santo y el advenimiento del Señor....................399
IV. La parábola de las minas o el poder para el servicio....................410
V. El Espíritu Santo en el Evangelio de Juan....................426
VI. El consolador....................438
VII. A la espera del Espíritu....................450
VIII. Poder de lo alto....................463
IX. Llenos del Espíritu....................481
X. El Espíritu en la Epístola a los Romanos....................493
XI. El Espíritu Santo en la Primera Epístola a los Corintios....................506
XII. El Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo....................520
XIII. El Espíritu Santo en la Segunda Epístola a los Corintios....................529
XIV. El Espíritu Santo en la Epístola a los Gálatas....................540
XV. Todas las bendiciones del Espíritu o el Espíritu Santo en la Epístola a los Efesios....................554
XVI. El Espíritu Santo en la Epístola a los Filipenses....................571
XVII. El Espíritu de amor....................584
XVIII. El Espíritu Santo en las Epístolas a los Tesalonicenses....................595
XIX. El Espíritu Santo en las Epístolas de Pablo a Timoteo....................608
XX. Regeneración y renovación....................622
XXI. El Espíritu Santo en la Epístola a los Hebreos....................633
XXII. El celoso amor de Dios....................646
XXIII. El Espíritu Santo en las Epístolas de Pedro....................661
XXIV. El Espíritu Santo en la Primera Epístola de Juan....................672
XXV. El Espíritu Santo en la Epístola de Judas....................688
XXVI. El Espíritu siete veces santo....................702
XXVII. Mensaje del Espíritu Santo a las iglesias....................711
XXVIII. El último mensaje del Espíritu Santo....................728

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